miércoles, mayo 04, 2005

Peligros de la razón.

La filosofía es el juez de una época; mal asunto, cuando en lugar de ésto se convierte en su expresión.

Hugo Von Hofmannsthal

Es complicado. Por un lado, la imposición de la ideología, que también es filosofía, ha dado lugar a aberraciones, pero también ha dado lugar a época de esplendor. Y tampoco es cierto que la filosofía debe ir siempre un pasito por detrás, pues e cuestiones de filosofía política, ética, bioética, filosofía de la ciencia, etc, es la filosofía la que empuja los límites de nuestra razón y la que justifica o condena actitudes.
No logro sacar una conclusión. Quizá solo que Platón se equivocaba y que no debe ser un filósofo el gobernante, aunque sí el gobernante debe tener una filosofía. No sé, estoy estancado.

¿Alguien aporta algo?

2 comentarios:

armando dijo...

Sería dificil pensar en los gobernantes que hoy tenemos como "potenciales filosofos". No nos engañemos, hoy se buscan actores escasamente comprometidos con unos ideales cambiantes y que buscan "alargar" lo más posible su tiempo en el poder.

Uno de los objetivos del político (cuando es candidato) es que la gente se identifique con ellos, y le consideren como "un semejante en el poder"....es decir tienen que ser inteligentes, pero hasta un cierto límite (o se perdería esa identificación con el político y se le vería como alguien ajeno, frio ó distante a los problemas de la gente).

Esperemos que durante un tiempo el viento siga soplando en la misma dirección y el responsable de este interesante blog lo mantenga durante una temporada.

un saludo,

Adro dijo...

Gracias Armando, esperemos que el viento siga soplando, que no es poco.
Tienes razón. La época en que los dirigentes, aparte de gobernar mejor o peor, tenía un calado intelectual potente, parece que ha acabado. Es cierto que ahora, más que intelectuales o personajes de ideas fuertemente aposentadas y coherentemente argumentadas, lo que tenemos son personajes del corazón cuya mayor preocupación es rellenar los diez minutos correspondientes en el programa de turno, es decir, los telediarios (salsa rosa para los otros). Tengamos fe. Quizá sople el viento a favor, como dice la canción.